sábado, 30 de noviembre de 2013

Oscura oración

Todo empezó en un lugar singular, al que a gente suele aglomerar, de olor particular y presencia peculiar.
Sus miradas se cruzaron sin quererlo,
él la quiso y ella no quiso ni verlo,
la tomó del brazo, la llevó consigo,
la apartó del paso, quiso ser su amigo.
Levantó su traje y no miró hacia atrás, la besó muy salvaje, incitando a Satanás, y hasta pudo ver hasta su imagen, diciendo "en fuego arderás".
Sus manos rondaron sus pechos, con acecho, consciente o no, de ese hecho, la tumbó en su lecho.
Quedó desnuda y él encima, metió su pene en su vagina, gritó la monja con locura, le acompañó el cura sin cordura.
La miró como si jamás hubiera mirado, la tocó como si a ninguna hubiera tocado, la besó como si a ninguna hubiera besado y la violó como si a todas hubiera violado.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Mi universo de ciega lujuria

Sinuosa y opaca silueta se oculta tras el biombo de cristal translúcido de la consulta, mi consulta.
Se agacha a desabrocharse las sandalias y se descalza pisándose los talones ayudándose con su otro pie... Se pasa una mano por el pelo, quizás se quite alguna horquilla, quizás se quiera soltar el pelo... O simplemente rascarse, aunque de acariciarla me encargaría yo.
Eleva los brazos para quitarse la camiseta y siento ganas de salir de la consulta y anular las citas que quedan. Se pasa las manos, ambas, hacía la mitad de su espalda y en un segundo, de su pecho cae el sujetador y puedo ver la forma de sus senos y hacer volar mi imaginación, hasta el punto de así verme de ese lado del biombo.
Pienso en coger el mando del aire acondicionado y disminuir la temperatura. Lo hago, y lo hago tosiendo para disimular el pitido que provoca cada vez que bajo un grado.
Sus manos parecen tener dificultades para desabotonarse el short vaquero, pero mis ojos no pueden dejar de mirar cómo sus pezones han aumentado. Cierro los ojos y me imagino mordisqueándolos mientras los toco con la punta de la lengua en movimientos circulares... Abro los ojos y veo cómo se estremece de un escalofrío y no puedo evitar sonreír...
Ya se ha quedado en braguitas, o tanguita, o lo que sea, y sea lo que sea, le esculpe un trasero de infarto de miocardio, una de mis especialidades...
Se tumba en la camilla esperando que llegue la doctora interna, que está de prácticas, para hacerle el chequeo. A eso lo llamo envidia, y para nada sana, pues mis pantalones notan una presión hasta dolorosa y siento que reventará de un momento a otro, salvo por el sonido que la puerta hace al entrar la doctora, eufórica, rompiendo mi universo de ciega lujuria...

Sweet dreams

Dieron las doce en punto de la noche cuando Ed entró en el club.
Se sentó en la barra y pidió una copa.
Dió un trago y se quedó mirando como el hielo flotaba en el vaso.
De repente todo quedó en silencio y la oscuridad invadió el local.
Empezó a sonar "Sweet dreams".
Una luz muy tenue y rojiza se posó sobre el escenario central y una critura celestial caminó lentamente por la pasarela has llegar a él.
Su cabellos eran rojos como el fuego.
Su piel, delicada, como sus formas.
Áquel ángel del inframundo se contoneaba al ritmo de la música.
Sus ojos verdes se clavaron en los de Ed.
Él contuvo la respiración y se quedó atónito.
Cogió la copa y se levantó. Caminó hacia las mesas que rodeaban el escenario.
Ella jugaba con la barra metálica.
Balanzeaba sus caderas de una forma casi prohibida, haciendo que absolutamente todo a su alrededor perdiera toda importancia y sentido.
La voluntad de una treintena de hombres sometidos al contoneo delicadamente obsceno de aquel ángel de los infiernos.
Ed sintió que perdía la conexión con su parte racional y notó un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo.
Su corazón latía tan fuerte que el sonido apenas le dejaba oír la música.
Aquella lolita se abría de piernas y abrazaba la fría barra con todo su cuerpo sin ningún esfuerzo.
Ed se acercó, pasando por el hueco de entre las mesas.
Ella se puso a cuatro patas y se deslizó cual felino hasta el borde del escenario.
Se encontraron el uno frente al otro.
Él miró dentro de sus ojos, inmensos y profundos, y sintió que se perdía.
Todo a su alrededor desapareció y solo podía ver aquellos ojos.
Se acercaron tanto que prácticamente podían rozarse.
Sus labios estaban a punto de acariciarse, ella se paró un segundo y al siguiente retrocedió.
Se puso de pie, esbozó media sonrisa pícara y desapareció entre la penumbra.

sábado, 16 de noviembre de 2013

The edge of the in-nocence

Me di cuenta de que algo muy oscuro estaba creciendo dentro de mi.
Estaba perdiendo ese pequeño ápiz de inocencia que me unía a mi niña interior. La sentía agonizar desde lo mas profundo.
Dejé morir a ese ser ingenuo que hasta entonces había permanecido intacto. Sentía como ardía por dentro.
Una pequeña llama que se había encendido hace tiempo empezó a extenderse.
Tenia fantasías constantemente acerca de mi misma rodeada de manos anónimas y susurros obscenos.
Sudor, gemidos y el sabor de mil texturas en mi boca.

Un pequeño paraíso construido en un recóndito lugar del infierno.
Una prisión de puertas abiertas.