Dieron las doce en punto de la noche cuando Ed entró en el club.
Se sentó en la barra y pidió una copa.
Dió un trago y se quedó mirando como el hielo flotaba en el vaso.
De repente todo quedó en silencio y la oscuridad invadió el local.
Empezó a sonar "Sweet dreams".
Una luz muy tenue y rojiza se posó sobre el escenario central y una critura celestial caminó lentamente por la pasarela has llegar a él.
Su cabellos eran rojos como el fuego.
Su piel, delicada, como sus formas.
Áquel ángel del inframundo se contoneaba al ritmo de la música.
Sus ojos verdes se clavaron en los de Ed.
Él contuvo la respiración y se quedó atónito.
Cogió la copa y se levantó. Caminó hacia las mesas que rodeaban el escenario.
Ella jugaba con la barra metálica.
Balanzeaba sus caderas de una forma casi prohibida, haciendo que absolutamente todo a su alrededor perdiera toda importancia y sentido.
La voluntad de una treintena de hombres sometidos al contoneo delicadamente obsceno de aquel ángel de los infiernos.
Ed sintió que perdía la conexión con su parte racional y notó un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo.
Su corazón latía tan fuerte que el sonido apenas le dejaba oír la música.
Aquella lolita se abría de piernas y abrazaba la fría barra con todo su cuerpo sin ningún esfuerzo.
Ed se acercó, pasando por el hueco de entre las mesas.
Ella se puso a cuatro patas y se deslizó cual felino hasta el borde del escenario.
Se encontraron el uno frente al otro.
Él miró dentro de sus ojos, inmensos y profundos, y sintió que se perdía.
Todo a su alrededor desapareció y solo podía ver aquellos ojos.
Se acercaron tanto que prácticamente podían rozarse.
Sus labios estaban a punto de acariciarse, ella se paró un segundo y al siguiente retrocedió.
Se puso de pie, esbozó media sonrisa pícara y desapareció entre la penumbra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario