El calor era asfixiante.
El poco oxígeno que inhalaba provenia de su aliento.
Podia escuchar casi con total claridad sus latidos, pegado a mi pecho.
Me acarició el muslo desnudo bajo la falda y su lengua buscó la mia.
Ardía. Casi tanto como su prominente miembro entre mis manos.
Sus dedos se abrieron camino entre mis piernas y los hundió en mi húmedo sexo.
Me arrancó un gemido intenso. Y la piel de todo mi cuerpo se erizó, haciendome estremecer y balancear mis caderas al ritmo de sus manos.
Con la otra mano abrió mi blusa, dejando mis pechos al descubierto y su lengua acarició mis duros pezones.
Apreté la punta de su miembro con fuerza, y lo lleve dentro de mi.
Me agarró con fuerza del culo y me embistió contra la pared.
Hasta el fondo. Como un animal enfurecido.
Cada vez más rápido.
Los gemidos, al principio leves se volvieron gritos.
Y los besos suaves, acabaron siendo mordiscos de bestia hambrienta.
Y de repente, algo dentro de mi estalló y se apoderó de mi cuerpo.
Una intensa y placentera sacudida que empezaba entre mis piernas y se expandia hasta la punta de mis dedos.
Grité sin hacer ruido y por un segundo se cortó mi respiración.
Nos miramos a los ojos, exhaustos, acalorados.
Me sonrió y me volvió a besar, esta vez muy despacio.
Me bajo lentamente al suelo de nuevo.
Nos re colocamos la ropa y pulsé el botón rojo.
Aquello se puso en marcha de nuevo.
3a planta.
La puerta se abrió, cogí mi bolso del suelo y antes de cruzarla me giré hacía él.
-A esto exactamente me refería.
Nos vemos en clase.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Elevator
domingo, 8 de diciembre de 2013
Margot vs. Viikiingo
Había sido una tarde muy aburrida, había hecho una de esas siestas de más de tres horas y quería aprovechar que no me dolía la cabeza para salir un rato a tomarme algo al bar de una amiga. Me duché y arreglé, me miré al espejo y noté que tenía el guapo subido, así que cogí el coche y me dirigí hacia el Paseo Marítimo.
Esa noche había luna llena.
Volvía del trabajo andando por el Paseo Marítimo, sin ninguna prisa.
No me apetecía nada irme a casa, así que llamé a Marta para preguntarle si le apetecía salir a tomar algo.
No contestó.
Me detuve en la puerta de un bar pequeño, con cortinas rojas en la entrada.
En la puerta había un cartel:
"Esta noche, concierto de blues a cargo de Vinny and the drummers. Entrada libre."
Me quedé mirándolo durante un par de minutos hasta que me decidí a entrar.
Había muy poca luz y estaba prácticamente vacío.
En el centro, los supuestos Vinny and the drummers se dejaban el alma como si fuera el concierto de sus vidas.
Me senté en la barra, y pedí un bourbon.
Volvía del trabajo andando por el Paseo Marítimo, sin ninguna prisa.
No me apetecía nada irme a casa, así que llamé a Marta para preguntarle si le apetecía salir a tomar algo.
No contestó.
Me detuve en la puerta de un bar pequeño, con cortinas rojas en la entrada.
En la puerta había un cartel:
"Esta noche, concierto de blues a cargo de Vinny and the drummers. Entrada libre."
Me quedé mirándolo durante un par de minutos hasta que me decidí a entrar.
Había muy poca luz y estaba prácticamente vacío.
En el centro, los supuestos Vinny and the drummers se dejaban el alma como si fuera el concierto de sus vidas.
Me senté en la barra, y pedí un bourbon.
Tengo que decir que encontrar parking tan rápido no fue casualidad. O era mi noche o mucha suerte estaba teniendo.
Crucé la calle y a mi lado pasaron dos mulatas espectaculares. No pude evitar darme la vuelta y ver sus culos tan bien marcados por esos pantalones ajustados.
Seguí andando, mientras sorteaba a los relaciones públicas que no paraban de invitarme a chupitos gratis, llegué al Bluesville.
Entré y mi primo y su banda estaban tocando su primer pase. El local no estaba muy lleno, pero a decir verdad, era temprano.
Una pareja sentada, varios hombres en la barra, de la que destacaba una chica rubia. Pelo lacio y totalmente vestida de negro. Eso es todo lo que alcanzaba a ver. Eso, y que parecía que esperaba a alguien por la manera de mirar el móvil constantemente.
Sheila salió a la barra y nos saludamos efusivamente.
-¿Qué vas a tomar, guapo?
-Iba a invitarte a algo, pero pensándolo bien, puedes invitarme tú a mí -le dije.
-Tú y tu cara dura.
-Un gin lemon -le contesté.
Seguía entrando gente, pero mi vista estaba fija en esa rubia. ¿Por qué estaría tan sola?
Crucé la calle y a mi lado pasaron dos mulatas espectaculares. No pude evitar darme la vuelta y ver sus culos tan bien marcados por esos pantalones ajustados.
Seguí andando, mientras sorteaba a los relaciones públicas que no paraban de invitarme a chupitos gratis, llegué al Bluesville.
Entré y mi primo y su banda estaban tocando su primer pase. El local no estaba muy lleno, pero a decir verdad, era temprano.
Una pareja sentada, varios hombres en la barra, de la que destacaba una chica rubia. Pelo lacio y totalmente vestida de negro. Eso es todo lo que alcanzaba a ver. Eso, y que parecía que esperaba a alguien por la manera de mirar el móvil constantemente.
Sheila salió a la barra y nos saludamos efusivamente.
-¿Qué vas a tomar, guapo?
-Iba a invitarte a algo, pero pensándolo bien, puedes invitarme tú a mí -le dije.
-Tú y tu cara dura.
-Un gin lemon -le contesté.
Seguía entrando gente, pero mi vista estaba fija en esa rubia. ¿Por qué estaría tan sola?
El bar empezó a llenarse de gente.
Vinny and the drummers tocaban lo que ellos llamaron "El blues del carnicero" y yo miraba fijamente el hielo de mi copa flotando en ese líquido marrón.
De repente alcé la vista y vi a la camarera correr de una punta a la otra de la barra. Saludó con un abrazo a un chico alto y moreno que estaba a pocos metros de mi.
Di un trago a mi bourbon y me quedé mirándolos.
La camarera se alejó y el chico dejó su abrigo sobre la barra y se sentó en un taburete.
Se le veía inquieto.
Repicaba sobre la mesa al ritmo de ese blues como si ya conociera la canción.
La camarera le sirvió una copa, guiñó un ojo y se fue al otro extremo de la barra.
El chico se giró hacía mi, y tras unos segundos, alzó su copa y bebió, esbozando media sonrisa.
Sonreí y le devolví el gesto.
Vinny and the drummers tocaban lo que ellos llamaron "El blues del carnicero" y yo miraba fijamente el hielo de mi copa flotando en ese líquido marrón.
De repente alcé la vista y vi a la camarera correr de una punta a la otra de la barra. Saludó con un abrazo a un chico alto y moreno que estaba a pocos metros de mi.
Di un trago a mi bourbon y me quedé mirándolos.
La camarera se alejó y el chico dejó su abrigo sobre la barra y se sentó en un taburete.
Se le veía inquieto.
Repicaba sobre la mesa al ritmo de ese blues como si ya conociera la canción.
La camarera le sirvió una copa, guiñó un ojo y se fue al otro extremo de la barra.
El chico se giró hacía mi, y tras unos segundos, alzó su copa y bebió, esbozando media sonrisa.
Sonreí y le devolví el gesto.
Brutal... El blues del carnicero... Es un temazo y quizás la intervención de mi primo con la armónica tenga mucho que ver. Lo cierto es que no puedo evitar acordarme de la sonrisa que me devolvió aquella misteriosa rubia... Al alzar su mirada, un halo de claridad de una de las tenues luces de la barra, me dejó ver en sus ojos una claridad casi caída del cielo, suficiente razón para que cogiera mi copa y me plantara a su lado. Tenía un pearcing en la nariz y su mirada era rasgada.
Me levanté del taburete al iniciar la siguiente canción, una versión del "Mistery train" porque no puedo negar que necesitaba verla entera, ya me entienden, soy hombre y son de esas cosas que uno no tiene que explicar el por qué lo hacemos. Lo hacemos y punto, así que lo hice y punto.
Aproveché que ella había decidido levantarse, siguiendo el compás muy tímidamente, para mirarla. Pude desnudarla con la mirada. Nunca el negro le había sentado tan bien a alguien, nunca nadie había conseguido atraparme de tal manera... Podía ver sus nalgas descansar en la tela de sus pantalones y disfrutar de sus curvas imaginándome su parte delantera. Di un trago a mi copa y me dispuse a ir con ella, pero para mi infortunio, Sheila salió de la barra para bailar conmigo... Joder, Shei... Eso no se le hace a un amigo...
Me levanté del taburete al iniciar la siguiente canción, una versión del "Mistery train" porque no puedo negar que necesitaba verla entera, ya me entienden, soy hombre y son de esas cosas que uno no tiene que explicar el por qué lo hacemos. Lo hacemos y punto, así que lo hice y punto.
Aproveché que ella había decidido levantarse, siguiendo el compás muy tímidamente, para mirarla. Pude desnudarla con la mirada. Nunca el negro le había sentado tan bien a alguien, nunca nadie había conseguido atraparme de tal manera... Podía ver sus nalgas descansar en la tela de sus pantalones y disfrutar de sus curvas imaginándome su parte delantera. Di un trago a mi copa y me dispuse a ir con ella, pero para mi infortunio, Sheila salió de la barra para bailar conmigo... Joder, Shei... Eso no se le hace a un amigo...
Apuré mi copa y pedí otra.
Di un trago.
No se si fue el bourbon o la mirada penetrante de aquel chico, pero empecé a tener calor, así que me quité el jersey, quedándome con una fina camiseta de tirantes.
Vinny and the drummers tocaban ahora una versión muy sensual del clásico de Elvis, "Mistery train".
No pude evitar ponerme en pie e iniciar un suave contoneo al ritmo de la música.
Sentía como aquel chico de profunda mirada tenia sus ojos clavados en mi.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando lo vi ponerse en pie.
Pensé que iba a acercarse, cuando de repente, la camarera salió de la barra y se puso a bailar con él.
Di un trago.
No se si fue el bourbon o la mirada penetrante de aquel chico, pero empecé a tener calor, así que me quité el jersey, quedándome con una fina camiseta de tirantes.
Vinny and the drummers tocaban ahora una versión muy sensual del clásico de Elvis, "Mistery train".
No pude evitar ponerme en pie e iniciar un suave contoneo al ritmo de la música.
Sentía como aquel chico de profunda mirada tenia sus ojos clavados en mi.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando lo vi ponerse en pie.
Pensé que iba a acercarse, cuando de repente, la camarera salió de la barra y se puso a bailar con él.
Mientras bailaba con Sheila seguía soñando despierto con aquella chica, la miraba, la sentía, bailaba casi al son de ella... Jamás pensé en tener ganas de que esa canción terminara, es de mis favoritas, pero con Shei tras la barra poniéndome una copa.
Acabó y decidí ponerme en la barra detrás de ella.
-Otra copa y a cuenta de la casa -le dije a Sheila.
Mi voz obligó a girarse a esa chica. Y ahí la vi... Qué mirada... Qué ojos, me quedé mirando su boca y me atreví a recorrerle rápidamente su estupenda delantera con un vistazo.
Acabó y decidí ponerme en la barra detrás de ella.
-Otra copa y a cuenta de la casa -le dije a Sheila.
Mi voz obligó a girarse a esa chica. Y ahí la vi... Qué mirada... Qué ojos, me quedé mirando su boca y me atreví a recorrerle rápidamente su estupenda delantera con un vistazo.
Cerré los ojos y me dejé llevar por la música.
Cuando de repente, noté una presencia detrás de mi.
Y una voz pidiendo otra copa.
Era él.
Me di la vuelta sin pensar y el pulso se me aceleró.
Me miró descaradamente de arriba a bajo, con los ojos muy abiertos.
No pude evitar esbozar media sonrisa.
Apoyé la espalda en la barra y di un trago a mi copa, sin bajar la mirada.
Saqué un cigarrillo y antes de ponérmelo entre los labios le dije:
-¿Tienes fuego?
Cuando de repente, noté una presencia detrás de mi.
Y una voz pidiendo otra copa.
Era él.
Me di la vuelta sin pensar y el pulso se me aceleró.
Me miró descaradamente de arriba a bajo, con los ojos muy abiertos.
No pude evitar esbozar media sonrisa.
Apoyé la espalda en la barra y di un trago a mi copa, sin bajar la mirada.
Saqué un cigarrillo y antes de ponérmelo entre los labios le dije:
-¿Tienes fuego?
Seguro que se ha dado cuenta de cómo la miré... ¿ Cómo coño no se va a dar cuenta? Me sonrió, sacó un cigarro y me pidió fuego.
-¿ Y tú, un cigarro? -le contesté mostrándole mi mechero.
-¿ Y tú, un cigarro? -le contesté mostrándole mi mechero.
-Por supuesto.-Le dije extendiéndole la cajetilla abierta.
Se acercó un poco más y encendió mi cigarro y después el suyo.
Se acercó un poco más y encendió mi cigarro y después el suyo.
En mi primera calada no dejé de pensar en la situación. Ella me extiende la cajetilla y yo tomo un cigarro con mi boca acercándome, bañándome en su aroma e imaginándome olerla desde los pies a la cabeza.
-¿Te está gustando el grupo?
-¿Te está gustando el grupo?
-Si, me encanta el blues. -le dije.
Di una calada y sonreí, sin dejar de contonearme.
Me agarró de la cintura y me atrajo hacia él.
Di una calada y sonreí, sin dejar de contonearme.
Me agarró de la cintura y me atrajo hacia él.
-Ponle otra copa a ella -le dije a Sheila mientras la atraía hacia mí, cogida de la cintura. Ambos seguíamos el ritmo, yo no pude, ni quise quitarle la mano de la cintura. Apuré mi cigarro y con la música tan elevada, decidí hablarle susurrándole al oído.
-Te he pedido una copa, pero lo cierto es que no sé si tienes que conducir luego...
-Te he pedido una copa, pero lo cierto es que no sé si tienes que conducir luego...
-No tengo coche, soy de las que prefiere andar...-le contesté susurrando muy despacio.
-¿Vienes mucho por aquí?- le dije, apoyando los codos en la barra y mirándole fijamente.
-¿Vienes mucho por aquí?- le dije, apoyando los codos en la barra y mirándole fijamente.
-Vendría mucho más si supiera ciertas asistencias -le contesté guiñándole un ojo.
Di un trago a mi copa sin dejar de mirarla de arriba a abajo.
Me volví a acercar a ella y justo cuando iba a decirle algo importante, aparece mi primo cual animal salvaje saludándome como si jamás me hubiera visto.
-Bueno primo, ¿Ella es...? -dije mientras presentaba a aquella rubia al inoportuno de mi primo.
La miró con deseo. Deseo sexual, yo lo conozco, y así es como la miró.
Di un trago a mi copa sin dejar de mirarla de arriba a abajo.
Me volví a acercar a ella y justo cuando iba a decirle algo importante, aparece mi primo cual animal salvaje saludándome como si jamás me hubiera visto.
-Bueno primo, ¿Ella es...? -dije mientras presentaba a aquella rubia al inoportuno de mi primo.
La miró con deseo. Deseo sexual, yo lo conozco, y así es como la miró.
Se acercó a mi oído y justo cuando parecía que iba a decirme algo, un par de brazos musculosos lo estrecharon levantándolo del suelo muy efusivamente.
El tipo era grande, de pelo muy negro y con un acento extraño.
Se saludaron dándose golpecitos en la espalda.
Al parecer era su primo.
Yo observaba la escena sin despegar los codos de la barra.
El tipo se me quedó mirando, y el chico moreno hizo un gesto con la mano y dijo:
-Bueno Charlie, esta es...
-Margot. Me llamo Margot. Encantada Charlie.-dije extendiendole la mano sin moverme del sitio.
El tipo me miró unos segundos y se acercó, me besó la mano y mirándome a los ojos dijo:
-El placer es mío, sin duda.
El tipo era grande, de pelo muy negro y con un acento extraño.
Se saludaron dándose golpecitos en la espalda.
Al parecer era su primo.
Yo observaba la escena sin despegar los codos de la barra.
El tipo se me quedó mirando, y el chico moreno hizo un gesto con la mano y dijo:
-Bueno Charlie, esta es...
-Margot. Me llamo Margot. Encantada Charlie.-dije extendiendole la mano sin moverme del sitio.
El tipo me miró unos segundos y se acercó, me besó la mano y mirándome a los ojos dijo:
-El placer es mío, sin duda.
¿Margot? Me ponía hasta el nombre... Mi primo pidió una cerveza y fue hablando con toda la gente del local.
Se habían hecho las tres de la madrugada así que decidí jugármela. Me acerqué a ella, puse una mano en su cintura y susurré de nuevo.
-Era mi primo, es un poco... En fin ya sabes... -mientras le hablaba extendía mi mano al máximo, de manera que con el dedo meñique tocaba su culo y con el dedo pulgar rozaba la zona inferior de su pecho...
-Ahora darán un concierto igual que el de hasta ahora para los que acaban de llegar... -bajé lentamente mi mano hasta acariciarle descaradamente el culo mientras mis labios chocaban con su oreja...
Se habían hecho las tres de la madrugada así que decidí jugármela. Me acerqué a ella, puse una mano en su cintura y susurré de nuevo.
-Era mi primo, es un poco... En fin ya sabes... -mientras le hablaba extendía mi mano al máximo, de manera que con el dedo meñique tocaba su culo y con el dedo pulgar rozaba la zona inferior de su pecho...
-Ahora darán un concierto igual que el de hasta ahora para los que acaban de llegar... -bajé lentamente mi mano hasta acariciarle descaradamente el culo mientras mis labios chocaban con su oreja...
El muy descarado tenia la mano en mi trasero, y con la otra rodeaba mi cintura.
Se acercó para hablarme al oído y sus labios rozaron mi oreja.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y el vello se me erizó.
Su cuerpo estaba cada vez más cerca del mío.
Hasta tocarse.
Mis pechos rozaban su pecho y la sola idea de notar la prominencia de su entrepierna hizo que me humedeciera.
Él lo notó, y me atrajo hacia si agarrándome las caderas con un ligero movimiento. Noté ese bulto, grande y duro.
Y mis braguitas se empaparon.
Le cogí de la cabeza y acerqué mi boca a su cuello.
Lo rocé con mis labios mientras él me agarraba el culo con las dos manos.
Se acercó para hablarme al oído y sus labios rozaron mi oreja.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y el vello se me erizó.
Su cuerpo estaba cada vez más cerca del mío.
Hasta tocarse.
Mis pechos rozaban su pecho y la sola idea de notar la prominencia de su entrepierna hizo que me humedeciera.
Él lo notó, y me atrajo hacia si agarrándome las caderas con un ligero movimiento. Noté ese bulto, grande y duro.
Y mis braguitas se empaparon.
Le cogí de la cabeza y acerqué mi boca a su cuello.
Lo rocé con mis labios mientras él me agarraba el culo con las dos manos.
Estaba a cien y ni había empezado. Estaba masajeándole el culo de tal manera que se me había puesto tan dura que pensé que reventaría el pantalón. Me puso sus labios en el cuello y quedó el local a oscuras. Empezaba de nuevo el concierto y todas las miradas se ceñían a los cantantes.
Subí una mano hasta su nuca e hinqué mis yemas en su cuero cabelludo sin dejar de hacer movimientos circulares, con la otra mano empecé a apretar y acariciar su pecho izquierdo por encima de la ropa. Eché hacia atrás mi cabeza, nos miramos y torciendo mi cabeza levemente a la derecha, la besé muy lentamente. Le cogí del labio superior, choqué mi nariz con la suya, le mordí el labio inferior y empecé a besarla por el cuello sin dejar de tocarla en la oscuridad.
Subí una mano hasta su nuca e hinqué mis yemas en su cuero cabelludo sin dejar de hacer movimientos circulares, con la otra mano empecé a apretar y acariciar su pecho izquierdo por encima de la ropa. Eché hacia atrás mi cabeza, nos miramos y torciendo mi cabeza levemente a la derecha, la besé muy lentamente. Le cogí del labio superior, choqué mi nariz con la suya, le mordí el labio inferior y empecé a besarla por el cuello sin dejar de tocarla en la oscuridad.
Me besó muy dulcemente en la oscuridad de aquel bar.
Y en un impulso le agarré de la mano y me lo llevé al baño.
Estaban vacíos, así no fue difícil.
Nada más echar el pestillo, me agarró por detrás y rozó su entrepierna con mi culo.
Yo me puse en pompa y el me agarró las caderas.
Me di la vuelta, y me quité la camiseta y el sujetador.
Agarró mis tetas con las dos manos y empezó a besarlas.
Mientras mis manos desabrochaban los botones de su pantalón.
Lamió mis duros pezones y yo empecé a jadear a susurros.
Le bajé los pantalones y me arrodillé ante su enorme y durísimo pene.
Le miré a los ojos, lami desde los huevos hasta la punta, y me la metí entera en la boca.
Y en un impulso le agarré de la mano y me lo llevé al baño.
Estaban vacíos, así no fue difícil.
Nada más echar el pestillo, me agarró por detrás y rozó su entrepierna con mi culo.
Yo me puse en pompa y el me agarró las caderas.
Me di la vuelta, y me quité la camiseta y el sujetador.
Agarró mis tetas con las dos manos y empezó a besarlas.
Mientras mis manos desabrochaban los botones de su pantalón.
Lamió mis duros pezones y yo empecé a jadear a susurros.
Le bajé los pantalones y me arrodillé ante su enorme y durísimo pene.
Le miré a los ojos, lami desde los huevos hasta la punta, y me la metí entera en la boca.
En un momento estábamos en el baño semidesnudos, estaba haciéndome una mamada, bueno, estaba haciéndome LA mamada. Me miraba cada vez que se la metía entera en la boca y yo exhalaba algún que otro suspiro de puro gusto. Jugueteaba con la punta, tanto con su lengua como con sus labios. Casi podría haberme corrido en su boca por la perfección en la que estaba siendo sometido.
Pero con esos simples esfuerzos mentales que puedo hacer, aguanté la levanté, volví a morderle, pellizcarle, pasarle mi lengua en círculos y besarle sus pezones. Dios, me hincaba suavemente sus uñas, preludio de lo que podría pasar...
La volví a besar, ya salvaje, repartiéndonos la cara de saliva, sin importarnos, abstraídos en el sexo.
Le di la vuelta, se apoyó en la pared semi agachada y le quité toda la ropa intercambiándole besos por todo su cuerpo. Se agachó más y en pompa y coloqué mi pene en su vagina. Lo moví con mi mano alrededor de sus labios vaginales provocando que estremeciera sus extremidades.
La penetré lentamente pero hasta llegar al fondo. Luego no paré de moverme. Los cambios de ritmo la volvían loca y ya nos dejó de importar que nos oyeran.
Pero con esos simples esfuerzos mentales que puedo hacer, aguanté la levanté, volví a morderle, pellizcarle, pasarle mi lengua en círculos y besarle sus pezones. Dios, me hincaba suavemente sus uñas, preludio de lo que podría pasar...
La volví a besar, ya salvaje, repartiéndonos la cara de saliva, sin importarnos, abstraídos en el sexo.
Le di la vuelta, se apoyó en la pared semi agachada y le quité toda la ropa intercambiándole besos por todo su cuerpo. Se agachó más y en pompa y coloqué mi pene en su vagina. Lo moví con mi mano alrededor de sus labios vaginales provocando que estremeciera sus extremidades.
La penetré lentamente pero hasta llegar al fondo. Luego no paré de moverme. Los cambios de ritmo la volvían loca y ya nos dejó de importar que nos oyeran.
Me embestía cada vez más fuerte.
Hasta el fondo.
Nos movíamos al unísono.
Como animales en celo.
Me dio la vuelta y me levantó, empotrándome contra la pared y follándome aun con más intensidad. Tenia mis pechos a la altura de su cara, los mordía y acariciaba con la lengua mientras me agarraba del culo con fuerza.
Grité como nunca antes.
Y el me bajó al suelo.
Me sentó en la pica del baño.
Me besó los muslos hasta hundir su cara entre mis piernas.
Sentí su lengua acariciándome.
Mi respiración se aceleró. Agarré su cabeza y me moví al ritmo de sus lengüetazos.
Hasta el fondo.
Nos movíamos al unísono.
Como animales en celo.
Me dio la vuelta y me levantó, empotrándome contra la pared y follándome aun con más intensidad. Tenia mis pechos a la altura de su cara, los mordía y acariciaba con la lengua mientras me agarraba del culo con fuerza.
Grité como nunca antes.
Y el me bajó al suelo.
Me sentó en la pica del baño.
Me besó los muslos hasta hundir su cara entre mis piernas.
Sentí su lengua acariciándome.
Mi respiración se aceleró. Agarré su cabeza y me moví al ritmo de sus lengüetazos.
No me bastaba con hacerle vibrar una vez, quería que se quedara sin voz...
Me empapé de ella, besé y lamí su clítoris hasta amarlo. Succioné sus labios mientras apretaba mi lengua arriba y abajo. Mi nariz y mi barbilla se unían a la fiesta en la que Margot era la cantante estrella. Y mis dedos se dedicaban a buscar el delirio en su sexo. Me alcé y estaba con los ojos cerrados sin parar de gemir, cuando volvió a abrirlos, ya estaba otra vez follando, esta vez muy suavemente, introduciendo mi pene poco a poco...
Me empapé de ella, besé y lamí su clítoris hasta amarlo. Succioné sus labios mientras apretaba mi lengua arriba y abajo. Mi nariz y mi barbilla se unían a la fiesta en la que Margot era la cantante estrella. Y mis dedos se dedicaban a buscar el delirio en su sexo. Me alcé y estaba con los ojos cerrados sin parar de gemir, cuando volvió a abrirlos, ya estaba otra vez follando, esta vez muy suavemente, introduciendo mi pene poco a poco...
Me miró a los ojos mientras su polla, turgente y cálida entraba de nuevo dentro de mi con suma facilidad.
Me arrancó un intenso gemido desde muy adentro.
Nuestros cuerpos ardían, y con cada embestida me transportaba a otro universo.
Lo agarré del culo y lo apreté contra mi, avanzando mis caderas y reenganchándome a sus movimientos en un compás perfecto.
Su lengua recorrió mi cuello hasta llegar a mi oreja y susurró:
Me arrancó un intenso gemido desde muy adentro.
Nuestros cuerpos ardían, y con cada embestida me transportaba a otro universo.
Lo agarré del culo y lo apreté contra mi, avanzando mis caderas y reenganchándome a sus movimientos en un compás perfecto.
Su lengua recorrió mi cuello hasta llegar a mi oreja y susurró:
-Pararé cuando tus piernas no puedan tenerse en pie...
Me senté en la tapa del váter y ella cabalgó encima mio durante varios minutos, minutos que dediqué a besarle, morderle, acariciarle y amarle sus pechos...
Me senté en la tapa del váter y ella cabalgó encima mio durante varios minutos, minutos que dediqué a besarle, morderle, acariciarle y amarle sus pechos...
Lo agarre de la cabeza suplicándole que no parase, mientras me movía sobre el cada vez más rápido, gritó y sentí todo su cuerpo estremecerse debajo de mi, y su leche caliente derramándose dentro.
Y de repente, un estallido intenso me provocó el más brutal de los placeres.
Todo a mi alrededor desapareció.
Morí en vida para nacer de nuevo y volver a aquel preciso instante.
Permanecimos enganchados uno al otro durante varios segundos, luego nos miramos, exhaustos y sudados.
Me levante con las piernas aun temblando.
Me vestí observando su reflejo en el espejo.
Me sonrío y sacó un par de cigarrillos del bolsillo de su americana, que aun estaba tirada en el suelo, junto con el resto de su ropa.
Y de repente, un estallido intenso me provocó el más brutal de los placeres.
Todo a mi alrededor desapareció.
Morí en vida para nacer de nuevo y volver a aquel preciso instante.
Permanecimos enganchados uno al otro durante varios segundos, luego nos miramos, exhaustos y sudados.
Me levante con las piernas aun temblando.
Me vestí observando su reflejo en el espejo.
Me sonrío y sacó un par de cigarrillos del bolsillo de su americana, que aun estaba tirada en el suelo, junto con el resto de su ropa.
Saqué dos cigarros para rematar la faena y al alzar la cabeza, ya no estaba allí, tan sólo una tarjeta que ponía "Personal Shopper from H&M". Se fue y tan sólo quedó el rastro de ese perfume tan particular, el perfume del orgasmo y la satisfacción...
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Con la cabeza en otro lado
Llegó a casa, cabizbajo y visiblemente afectado. Ricardo dejó sus llaves en la cesta de la entrada, saludó a su mujer tímidamente y entró al baño para lavarse las manos, la boca y la cara.
Ricardo era un hombre bajo, sus ojos nadaban en ojeras y llevaba un bigote fino y arreglado.
Su mujer estaba en el sillón leyendo un prospecto sobre maneras de ganar dinero sin moverse de casa.
-Se acabó, Josefina.
-¿Cómo se acabó? -dijo dejando el prospecto en la mesa.
-Pues... Que se terminó y esta vez de verdad.
-¿Ahora te vas a ir?
-Hace tiempo que te lo vengo diciendo.
-Ricardo, ahora no puedes irte de ese trabajo. A mí no me apetece buscar nada y hay mucho gasto...
-Me humillan cada día, quiero dejarlo.
-Cómo se te ocurra dejarlo, tú y yo hemos terminado.
Ricardo se levantó y se fue a la cama. Detrás, su mujer hizo lo propio.
Ricardo era un hombre bajo, sus ojos nadaban en ojeras y llevaba un bigote fino y arreglado.
Su mujer estaba en el sillón leyendo un prospecto sobre maneras de ganar dinero sin moverse de casa.
-Se acabó, Josefina.
-¿Cómo se acabó? -dijo dejando el prospecto en la mesa.
-Pues... Que se terminó y esta vez de verdad.
-¿Ahora te vas a ir?
-Hace tiempo que te lo vengo diciendo.
-Ricardo, ahora no puedes irte de ese trabajo. A mí no me apetece buscar nada y hay mucho gasto...
-Me humillan cada día, quiero dejarlo.
-Cómo se te ocurra dejarlo, tú y yo hemos terminado.
Ricardo se levantó y se fue a la cama. Detrás, su mujer hizo lo propio.
Al día siguiente, Ricardo estaba ya agachado ante ella con las manos apoyadas en los reposa brazos de la silla. Ella tenía las piernas apoyadas en la mesa y las manos en la cabeza de Ricardo forzándolo a que siguiera con la acción.
Pasaba su lengua bordeando el exterior de sus labios vaginales. Primero izquierda, luego derecha, jugaba con su clítoris provocando que ella le estrujara más hacia su sexo.
Besaba sus labios una y otra vez intensamente y usaba su nariz para seguir estimulando el clítoris. Incluso los movimientos de arriba a abajo con la lengua, aprovechaba de su barbilla para dar auténtico placer. Ricardo alargaba hasta lo más profundo su lengua buscando todas las superficies, rozando lenta y sensualmente, ayudándose de su dedo pulgar izquierdo en su clítoris y con la yema del dedo pulgar derecho apretando y palpando el agujero de su ano.
El éxtasis llegó y ella no se cortó, pues gritó sin tapujos. Le levantó la cabeza a Ricardo, que tenía flujo vaginal en varias partes de la cara y se retiró en seguida subiéndose la ropa interior.
-Ya sabes mañana, descansa esa bendita lengua que esperaré con ansia otro orgasmo -dijo la jefa de Ricardo- Y no te quejes, que más quisieran otros mantener su puesto de trabajo así -sentenció mientras encendía su ordenador.
Ricardo, resignado, salió del despacho de su jefa con la cabeza en otro lado.
Pasaba su lengua bordeando el exterior de sus labios vaginales. Primero izquierda, luego derecha, jugaba con su clítoris provocando que ella le estrujara más hacia su sexo.
Besaba sus labios una y otra vez intensamente y usaba su nariz para seguir estimulando el clítoris. Incluso los movimientos de arriba a abajo con la lengua, aprovechaba de su barbilla para dar auténtico placer. Ricardo alargaba hasta lo más profundo su lengua buscando todas las superficies, rozando lenta y sensualmente, ayudándose de su dedo pulgar izquierdo en su clítoris y con la yema del dedo pulgar derecho apretando y palpando el agujero de su ano.
El éxtasis llegó y ella no se cortó, pues gritó sin tapujos. Le levantó la cabeza a Ricardo, que tenía flujo vaginal en varias partes de la cara y se retiró en seguida subiéndose la ropa interior.
-Ya sabes mañana, descansa esa bendita lengua que esperaré con ansia otro orgasmo -dijo la jefa de Ricardo- Y no te quejes, que más quisieran otros mantener su puesto de trabajo así -sentenció mientras encendía su ordenador.
Ricardo, resignado, salió del despacho de su jefa con la cabeza en otro lado.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Labios de miel
Hacía tanto frío... Nos dijeron que estaríamos cerca de los cuatro grados bajo cero.
Estaba en la parada del autobús. Solo. Solo y congelado. Había salido de casa bastante preparado la verdad, pero ni los calcetines térmicos, ni el chaquetón, ni el chándal de tela gruesa, ni los guantes, ni la bufanda, ni el gorro conseguían hacerme entrar en calor.
Vi el autobús a lo lejos y mi sonrisa de alegría fue tan clara como mi rabia por sentir que tardaba la vida en llegar a la parada. Llegó, subí y me dirigí hasta los asientos de atrás del todo que estaban todos libres. Estuve a punto de cambiar de idea, pues a mitad del bus había sentada una joven preciosa y se me ocurrieron varias maneras de entrar en calor.
Estaba en la parada del autobús. Solo. Solo y congelado. Había salido de casa bastante preparado la verdad, pero ni los calcetines térmicos, ni el chaquetón, ni el chándal de tela gruesa, ni los guantes, ni la bufanda, ni el gorro conseguían hacerme entrar en calor.
Vi el autobús a lo lejos y mi sonrisa de alegría fue tan clara como mi rabia por sentir que tardaba la vida en llegar a la parada. Llegó, subí y me dirigí hasta los asientos de atrás del todo que estaban todos libres. Estuve a punto de cambiar de idea, pues a mitad del bus había sentada una joven preciosa y se me ocurrieron varias maneras de entrar en calor.
Llegué al final, me senté y no tardamos ni cinco minutos en llegar a la siguiente parada cuando el calor de la calefacción me hizo empezar a quitarme prendas hasta quedarme en chándal, ocupando así, uno de los asientos con todas mis pertenencias.
Tan absorto estaba, que no me di cuenta que una mujer subió y esperaba que le dejara uno de los dos asientos libres que quedaban atrás.
Tendría unos cuarenta, pelo ondulado, cogido con una pinza y teñido de un caoba oscuro. Llevaba gafas de pasta negras que resaltaban su mirada de color verde intenso. Su sonrisa fue la causante de que le cediera asiento.
Con el autobús en marcha, ella se mantuvo de pie y dejó su abrigo de piel, su bufanda y sus guantes, por este orden, en el asiento más pegado a la ventana y se sentó junto a mí.
No pude quitarle la vista al polo que llevaba puesto. Le marcaban tanto los pechos y desde mi altura podía ver, eso sí, esforzando mucho la vista, el escote de lujo que me había regalado el frío día.
Ella me miró y me pilló observándola. Sonrió y miró a mi entrepierna, que por entonces ya estaba siendo testigo de que mi imaginación volara y el pantalón de chándal, cómplice de mostrarlo.
Fue muy rápido, ni siquiera sabría explicar cómo pasó, ni el porqué. Su mano estaba acariciándome el paquete y me miraba sonriendo. Yo miraba hacia delante para que no se girara un crío, un anciano o qué sé yo, pero lo cierto es que estaba muy cachondo y estaba totalmente dura, vamos que podía pensar poco...
Ella debía saberlo y actuó como tal. Se agachó en el hueco entre mis piernas, se levantó el polo y se desabrochó el sujetador, quedando sus pechos rozando mis piernas. No paraba de mirar hacia delante, paradojas de la vida, dejando de mirar tales senos, espectaculares y bellos para tener esa edad.
Me bajó el pantalón y me sacó el pene. Ahora sonrió más y lo acompañó de un halago. Le encantó el tamaño, dudó si le cabría en la boca. Yo también dudé, de hecho a nadie le ha cabido hasta ahora.
Volví a mirar al frente y la joven que vi al entrar, se levantó en mi dirección pero se detuvo en las puertas, posiblemente esperando para salir en la siguiente parada.
Me miraba extrañada, yo no sé ni que cara debería tener puesta, porque no sé qué cara pone uno cuando le están haciendo una cubana en la parte de atrás de un autobús.
Miré a la mujer cómo disfrutaba de darme placer mientras yo cerraba los ojos y no podía cerrar ni la boca.
Consiguió mi primer gemido, tímido, aunque hizo que se girara un anciano, al cogerme la puntita del pene con sus labios y mover éstos lenta y sensualmente.
Pasó su lengua bordeando mi miembro, lo lamió de manera vertical y horizontal, hizo que me agarrara de uñas al asiento. Estaba a punto de correrme, ya no podía aguantar más. Comenzó a comérmela muy veloz, entera, le cabía entera en la boca, tan sólo frenaba el ritmo cuando me miraba fijamente a los ojos. Yo le susurraba que me corría, que no aguantaba más y ella aumentó la velocidad ayudándose de las manos.
Me corrí en su paladar, me corrí mordiéndome los dedos, me corrí de puro placer mientras, yo con los ojos cerrados, seguía flotando en el Edén.
Cuando abrí los ojos, ella ya no estaba. Miré por la ventana y la vi andando mientras, mirándose en un espejito, se pintaba aquellos poderosos labios de miel...
Tan absorto estaba, que no me di cuenta que una mujer subió y esperaba que le dejara uno de los dos asientos libres que quedaban atrás.
Tendría unos cuarenta, pelo ondulado, cogido con una pinza y teñido de un caoba oscuro. Llevaba gafas de pasta negras que resaltaban su mirada de color verde intenso. Su sonrisa fue la causante de que le cediera asiento.
Con el autobús en marcha, ella se mantuvo de pie y dejó su abrigo de piel, su bufanda y sus guantes, por este orden, en el asiento más pegado a la ventana y se sentó junto a mí.
No pude quitarle la vista al polo que llevaba puesto. Le marcaban tanto los pechos y desde mi altura podía ver, eso sí, esforzando mucho la vista, el escote de lujo que me había regalado el frío día.
Ella me miró y me pilló observándola. Sonrió y miró a mi entrepierna, que por entonces ya estaba siendo testigo de que mi imaginación volara y el pantalón de chándal, cómplice de mostrarlo.
Fue muy rápido, ni siquiera sabría explicar cómo pasó, ni el porqué. Su mano estaba acariciándome el paquete y me miraba sonriendo. Yo miraba hacia delante para que no se girara un crío, un anciano o qué sé yo, pero lo cierto es que estaba muy cachondo y estaba totalmente dura, vamos que podía pensar poco...
Ella debía saberlo y actuó como tal. Se agachó en el hueco entre mis piernas, se levantó el polo y se desabrochó el sujetador, quedando sus pechos rozando mis piernas. No paraba de mirar hacia delante, paradojas de la vida, dejando de mirar tales senos, espectaculares y bellos para tener esa edad.
Me bajó el pantalón y me sacó el pene. Ahora sonrió más y lo acompañó de un halago. Le encantó el tamaño, dudó si le cabría en la boca. Yo también dudé, de hecho a nadie le ha cabido hasta ahora.
Volví a mirar al frente y la joven que vi al entrar, se levantó en mi dirección pero se detuvo en las puertas, posiblemente esperando para salir en la siguiente parada.
Me miraba extrañada, yo no sé ni que cara debería tener puesta, porque no sé qué cara pone uno cuando le están haciendo una cubana en la parte de atrás de un autobús.
Miré a la mujer cómo disfrutaba de darme placer mientras yo cerraba los ojos y no podía cerrar ni la boca.
Consiguió mi primer gemido, tímido, aunque hizo que se girara un anciano, al cogerme la puntita del pene con sus labios y mover éstos lenta y sensualmente.
Pasó su lengua bordeando mi miembro, lo lamió de manera vertical y horizontal, hizo que me agarrara de uñas al asiento. Estaba a punto de correrme, ya no podía aguantar más. Comenzó a comérmela muy veloz, entera, le cabía entera en la boca, tan sólo frenaba el ritmo cuando me miraba fijamente a los ojos. Yo le susurraba que me corría, que no aguantaba más y ella aumentó la velocidad ayudándose de las manos.
Me corrí en su paladar, me corrí mordiéndome los dedos, me corrí de puro placer mientras, yo con los ojos cerrados, seguía flotando en el Edén.
Cuando abrí los ojos, ella ya no estaba. Miré por la ventana y la vi andando mientras, mirándose en un espejito, se pintaba aquellos poderosos labios de miel...
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