domingo, 8 de diciembre de 2013

Margot vs. Viikiingo

Había sido una tarde muy aburrida, había hecho una de esas siestas de más de tres horas y quería aprovechar que no me dolía la cabeza para salir un rato a tomarme algo al bar de una amiga. Me duché y arreglé, me miré al espejo y noté que tenía el guapo subido, así que cogí el coche y me dirigí hacia el Paseo Marítimo.
Esa noche había luna llena.
Volvía del trabajo andando por el Paseo Marítimo, sin ninguna prisa.
No me apetecía nada irme a casa, así que llamé a Marta para preguntarle si le apetecía salir a tomar algo.
No contestó.
Me detuve en la puerta de un bar pequeño, con cortinas rojas en la entrada.
En la puerta había un cartel:
"Esta noche, concierto de blues a cargo de Vinny and the drummers. Entrada libre."
Me quedé mirándolo durante un par de minutos hasta que me decidí a entrar.
Había muy poca luz y estaba prácticamente vacío.
En el centro, los supuestos Vinny and the drummers se dejaban el alma como si fuera el concierto de sus vidas.
Me senté en la barra, y pedí un bourbon.
Tengo que decir que encontrar parking tan rápido no fue casualidad. O era mi noche o mucha suerte estaba teniendo.
Crucé la calle y a mi lado pasaron dos mulatas espectaculares. No pude evitar darme la vuelta y ver sus culos tan bien marcados por esos pantalones ajustados.
Seguí andando, mientras sorteaba a los relaciones públicas que no paraban de invitarme a chupitos gratis, llegué al Bluesville.
Entré y mi primo y su banda estaban tocando su primer pase. El local no estaba muy lleno, pero a decir verdad, era temprano.
Una pareja sentada, varios hombres en la barra, de la que destacaba una chica rubia. Pelo lacio y totalmente vestida de negro. Eso es todo lo que alcanzaba a ver. Eso, y que parecía que esperaba a alguien por la manera de mirar el móvil constantemente.
Sheila salió a la barra y nos saludamos efusivamente.
-¿Qué vas a tomar, guapo?
-Iba a invitarte a algo, pero pensándolo bien, puedes invitarme tú a mí -le dije.
-Tú y tu cara dura.
-Un gin lemon -le contesté.
Seguía entrando gente, pero mi vista estaba fija en esa rubia. ¿Por qué estaría tan sola?
El bar empezó a llenarse de gente.
Vinny and the drummers tocaban lo que ellos llamaron "El blues del carnicero" y yo miraba fijamente el hielo de mi copa flotando en ese líquido marrón.
De repente alcé la vista y vi a la camarera correr de una punta a la otra de la barra. Saludó con un abrazo a un chico alto y moreno que estaba a pocos metros de mi.
Di un trago a mi bourbon y me quedé mirándolos.
La camarera se alejó y el chico dejó su abrigo sobre la barra y se sentó en un taburete.
Se le veía inquieto.
Repicaba sobre la mesa al ritmo de ese blues como si ya conociera la canción.
La camarera le sirvió una copa, guiñó un ojo y se fue al otro extremo de la barra.
El chico se giró hacía mi, y tras unos segundos, alzó su copa y bebió, esbozando media sonrisa.
Sonreí y le devolví el gesto.
Brutal... El blues del carnicero... Es un temazo y quizás la intervención de mi primo con la armónica tenga mucho que ver. Lo cierto es que no puedo evitar acordarme de la sonrisa que me devolvió aquella misteriosa rubia... Al alzar su mirada, un halo de claridad de una de las tenues luces de la barra, me dejó ver en sus ojos una claridad casi caída del cielo, suficiente razón para que cogiera mi copa y me plantara a su lado. Tenía un pearcing en la nariz y su mirada era rasgada.
Me levanté del taburete al iniciar la siguiente canción, una versión del "Mistery train" porque no puedo negar que necesitaba verla entera, ya me entienden, soy hombre y son de esas cosas que uno no tiene que explicar el por qué lo hacemos. Lo hacemos y punto, así que lo hice y punto.
Aproveché que ella había decidido levantarse, siguiendo el compás muy tímidamente, para mirarla. Pude desnudarla con la mirada. Nunca el negro le había sentado tan bien a alguien, nunca nadie había conseguido atraparme de tal manera... Podía ver sus nalgas descansar en la tela de sus pantalones y disfrutar de sus curvas imaginándome su parte delantera. Di un trago a mi copa y me dispuse a ir con ella, pero para mi infortunio, Sheila salió de la barra para bailar conmigo... Joder, Shei... Eso no se le hace a un amigo...
Apuré mi copa y pedí otra.
Di un trago.
No se si fue el bourbon o la mirada penetrante de aquel chico, pero empecé a tener calor, así que me quité el jersey, quedándome con una fina camiseta de tirantes.
Vinny and the drummers tocaban ahora una versión muy sensual del clásico de Elvis, "Mistery train".
No pude evitar ponerme en pie e iniciar un suave contoneo al ritmo de la música.
Sentía como aquel chico de profunda mirada tenia sus ojos clavados en mi.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando lo vi ponerse en pie.
Pensé que iba a acercarse, cuando de repente, la camarera salió de la barra y se puso a bailar con él.
Mientras bailaba con Sheila seguía soñando despierto con aquella chica, la miraba, la sentía, bailaba casi al son de ella... Jamás pensé en tener ganas de que esa canción terminara, es de mis favoritas, pero con Shei tras la barra poniéndome una copa.
Acabó y decidí ponerme en la barra detrás de ella.
-Otra copa y a cuenta de la casa -le dije a Sheila.
Mi voz obligó a girarse a esa chica. Y ahí la vi... Qué mirada... Qué ojos, me quedé mirando su boca y me atreví a recorrerle rápidamente su estupenda delantera con un vistazo.
Cerré los ojos y me dejé llevar por la música.
Cuando de repente, noté una presencia detrás de mi.
Y una voz pidiendo otra copa.
Era él.
Me di la vuelta sin pensar y el pulso se me aceleró.
Me miró descaradamente de arriba a bajo, con los ojos muy abiertos.
No pude evitar esbozar media sonrisa.
Apoyé la espalda en la barra y di un trago a mi copa, sin bajar la mirada.
Saqué un cigarrillo y antes de ponérmelo entre los labios le dije:
-¿Tienes fuego?
Seguro que se ha dado cuenta de cómo la miré... ¿ Cómo coño no se va a dar cuenta? Me sonrió, sacó un cigarro y me pidió fuego.
-¿ Y tú, un cigarro? -le contesté mostrándole mi mechero.
-Por supuesto.-Le dije extendiéndole la cajetilla abierta.
Se acercó un poco más y encendió mi cigarro y después el suyo.
En mi primera calada no dejé de pensar en la situación. Ella me extiende la cajetilla y yo tomo un cigarro con mi boca acercándome, bañándome en su aroma e imaginándome olerla desde los pies a la cabeza.
-¿Te está gustando el grupo?
-Si, me encanta el blues. -le dije.
Di una calada y sonreí, sin dejar de contonearme.
Me agarró de la cintura y me atrajo hacia él.
-Ponle otra copa a ella -le dije a Sheila mientras la atraía hacia mí, cogida de la cintura. Ambos seguíamos el ritmo, yo no pude, ni quise quitarle la mano de la cintura. Apuré mi cigarro y con la música tan elevada, decidí hablarle susurrándole al oído.
-Te he pedido una copa, pero lo cierto es que no sé si tienes que conducir luego...
-No tengo coche, soy de las que prefiere andar...-le contesté susurrando muy despacio.
-¿Vienes mucho por aquí?- le dije, apoyando los codos en la barra y mirándole fijamente.
-Vendría mucho más si supiera ciertas asistencias -le contesté guiñándole un ojo.
Di un trago a mi copa sin dejar de mirarla de arriba a abajo.
Me volví a acercar a ella y justo cuando iba a decirle algo importante, aparece mi primo cual animal salvaje saludándome como si jamás me hubiera visto.
-Bueno primo, ¿Ella es...? -dije mientras presentaba a aquella rubia al inoportuno de mi primo.
La miró con deseo. Deseo sexual, yo lo conozco, y así es como la miró.
Se acercó a mi oído y justo cuando parecía que iba a decirme algo, un par de brazos musculosos lo estrecharon levantándolo del suelo muy efusivamente.
El tipo era grande, de pelo muy negro y con un acento extraño.
Se saludaron dándose golpecitos en la espalda.
Al parecer era su primo.
Yo observaba la escena sin despegar los codos de la barra.
El tipo se me quedó mirando, y el chico moreno hizo un gesto con la mano y dijo:
-Bueno Charlie, esta es...
-Margot. Me llamo Margot. Encantada Charlie.-dije extendiendole la mano sin moverme del sitio.
El tipo me miró unos segundos y se acercó, me besó la mano y mirándome a los ojos dijo:
-El placer es mío, sin duda.
¿Margot? Me ponía hasta el nombre... Mi primo pidió una cerveza y fue hablando con toda la gente del local.
Se habían hecho las tres de la madrugada así que decidí jugármela. Me acerqué a ella, puse una mano en su cintura y susurré de nuevo.
-Era mi primo, es un poco... En fin ya sabes... -mientras le hablaba extendía mi mano al máximo, de manera que con el dedo meñique tocaba su culo y con el dedo pulgar rozaba la zona inferior de su pecho...
-Ahora darán un concierto igual que el de hasta ahora para los que acaban de llegar... -bajé lentamente mi mano hasta acariciarle descaradamente el culo mientras mis labios chocaban con su oreja...
El muy descarado tenia la mano en mi trasero, y con la otra rodeaba mi cintura.
Se acercó para hablarme al oído y sus labios rozaron mi oreja.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y el vello se me erizó.
Su cuerpo estaba cada vez más cerca del mío.
Hasta tocarse.
Mis pechos rozaban su pecho y la sola idea de notar la prominencia de su entrepierna hizo que me humedeciera.
Él lo notó, y me atrajo hacia si agarrándome las caderas con un ligero movimiento. Noté ese bulto, grande y duro.
Y mis braguitas se empaparon.
Le cogí de la cabeza y acerqué mi boca a su cuello.
Lo rocé con mis labios mientras él me agarraba el culo con las dos manos.
Estaba a cien y ni había empezado. Estaba masajeándole el culo de tal manera que se me había puesto tan dura que pensé que reventaría el pantalón. Me puso sus labios en el cuello y quedó el local a oscuras. Empezaba de nuevo el concierto y todas las miradas se ceñían a los cantantes.
Subí una mano hasta su nuca e hinqué mis yemas en su cuero cabelludo sin dejar de hacer movimientos circulares, con la otra mano empecé a apretar y acariciar su pecho izquierdo por encima de la ropa. Eché hacia atrás mi cabeza, nos miramos y torciendo mi cabeza levemente a la derecha, la besé muy lentamente. Le cogí del labio superior, choqué mi nariz con la suya, le mordí el labio inferior y empecé a besarla por el cuello sin dejar de tocarla en la oscuridad.
Me besó muy dulcemente en la oscuridad de aquel bar.
Y en un impulso le agarré de la mano y me lo llevé al baño.
Estaban vacíos, así no fue difícil.
Nada más echar el pestillo, me agarró por detrás y rozó su entrepierna con mi culo.
Yo me puse en pompa y el me agarró las caderas.
Me di la vuelta, y me quité la camiseta y el sujetador.
Agarró mis tetas con las dos manos y empezó a besarlas.
Mientras mis manos desabrochaban los botones de su pantalón.
Lamió mis duros pezones y yo empecé a jadear a susurros.
Le bajé los pantalones y me arrodillé ante su enorme y durísimo pene.
Le miré a los ojos, lami desde los huevos hasta la punta, y me la metí entera en la boca.
En un momento estábamos en el baño semidesnudos, estaba haciéndome una mamada, bueno, estaba haciéndome LA mamada. Me miraba cada vez que se la metía entera en la boca y yo exhalaba algún que otro suspiro de puro gusto. Jugueteaba con la punta, tanto con su lengua como con sus labios. Casi podría haberme corrido en su boca por la perfección en la que estaba siendo sometido.
Pero con esos simples esfuerzos mentales que puedo hacer, aguanté la levanté, volví a morderle, pellizcarle, pasarle mi lengua en círculos y besarle sus pezones. Dios, me hincaba suavemente sus uñas, preludio de lo que podría pasar...
La volví a besar, ya salvaje, repartiéndonos la cara de saliva, sin importarnos, abstraídos en el sexo.
Le di la vuelta, se apoyó en la pared semi agachada y le quité toda la ropa intercambiándole besos por todo su cuerpo. Se agachó más y en pompa y coloqué mi pene en su vagina. Lo moví con mi mano alrededor de sus labios vaginales provocando que estremeciera sus extremidades.
La penetré lentamente pero hasta llegar al fondo. Luego no paré de moverme. Los cambios de ritmo la volvían loca y ya nos dejó de importar que nos oyeran.
Me embestía cada vez más fuerte.
Hasta el fondo.
Nos movíamos al unísono.
Como animales en celo.
Me dio la vuelta y me levantó, empotrándome contra la pared y follándome aun con más intensidad. Tenia mis pechos a la altura de su cara, los mordía y acariciaba con la lengua mientras me agarraba del culo con fuerza.
Grité como nunca antes.
Y el me bajó al suelo.
Me sentó en la pica del baño.
Me besó los muslos hasta hundir su cara entre mis piernas.
Sentí su lengua acariciándome.
Mi respiración se aceleró. Agarré su cabeza y me moví al ritmo de sus lengüetazos.
No me bastaba con hacerle vibrar una vez, quería que se quedara sin voz...
Me empapé de ella, besé y lamí su clítoris hasta amarlo. Succioné sus labios mientras apretaba mi lengua arriba y abajo. Mi nariz y mi barbilla se unían a la fiesta en la que Margot era la cantante estrella. Y mis dedos se dedicaban a buscar el delirio en su sexo. Me alcé y estaba con los ojos cerrados sin parar de gemir, cuando volvió a abrirlos, ya estaba otra vez follando, esta vez muy suavemente, introduciendo mi pene poco a poco...
Me miró a los ojos mientras su polla, turgente y cálida entraba de nuevo dentro de mi con suma facilidad.
Me arrancó un intenso gemido desde muy adentro.
Nuestros cuerpos ardían, y con cada embestida me transportaba a otro universo.
Lo agarré del culo y lo apreté contra mi, avanzando mis caderas y reenganchándome a sus movimientos en un compás perfecto.
Su lengua recorrió mi cuello hasta llegar a mi oreja y susurró:
-Pararé cuando tus piernas no puedan tenerse en pie...
Me senté en la tapa del váter y ella cabalgó encima mio durante varios minutos, minutos que dediqué a besarle, morderle, acariciarle y amarle sus pechos...
Lo agarre de la cabeza suplicándole que no parase, mientras me movía sobre el cada vez más rápido, gritó y sentí todo su cuerpo estremecerse debajo de mi, y su leche caliente derramándose dentro.
Y de repente, un estallido intenso me provocó el más brutal de los placeres.
Todo a mi alrededor desapareció.
Morí en vida para nacer de nuevo y volver a aquel preciso instante.
Permanecimos enganchados uno al otro durante varios segundos, luego nos miramos, exhaustos y sudados.
Me levante con las piernas aun temblando.
Me vestí observando su reflejo en el espejo.
Me sonrío y sacó un par de cigarrillos del bolsillo de su americana, que aun estaba tirada en el suelo, junto con el resto de su ropa.
Saqué dos cigarros para rematar la faena y al alzar la cabeza, ya no estaba allí, tan sólo una tarjeta que ponía "Personal Shopper from H&M". Se fue y tan sólo quedó el rastro de ese perfume tan particular, el perfume del orgasmo y la satisfacción...

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