Me sientan a las malas en la silla de la sala de visitas.
Me sientan a las malas porque a mí no me da la gana de ir a esa sala.
En esa sala no puede haber nada ni nadie que me importe.
No tengo familia. Sé que algún día tuve.
Que algún día tuve un padre y una madre.
Pero eso acabó con Javier Alarcón.
Mi madre entró en un caos de enajenación mental y dejó de ser persona. No para mí, pero sí para el resto del mundo.
Mi padre falleció de un infarto. Y yo no tuve nada que ver, joder.
Murió cuando yo tenía siete años.
Me sientan a las malas porque a mí no me da la gana de ir a esa sala.
En esa sala no puede haber nada ni nadie que me importe.
No tengo familia. Sé que algún día tuve.
Que algún día tuve un padre y una madre.
Pero eso acabó con Javier Alarcón.
Mi madre entró en un caos de enajenación mental y dejó de ser persona. No para mí, pero sí para el resto del mundo.
Mi padre falleció de un infarto. Y yo no tuve nada que ver, joder.
Murió cuando yo tenía siete años.
Me senté en esa silla y al otro lado había una mujer.
La miré a los ojos. Pelirroja, pecosa y unos treinta años. Y bien vestida, muy bien vestida.
Ella descolgó el teléfono y pude leer en sus labios un a qué coño esperas.
Descolgué y le dije que yo no tenía ni un duro. Que si quería mamármela que lo hiciera por un acto de buena fe.
No podía parar de pensar quién era... Y qué quería...
Escuché atentamente lo que me dijo y me quedé sin aire.
Me pidió un favor.
Me pidió que hiciera lo que ella me dijo.
Me pidió que el amanecer no se me adelantara.
Me pidió que la luz invadiera el túnel...
La miré a los ojos. Pelirroja, pecosa y unos treinta años. Y bien vestida, muy bien vestida.
Ella descolgó el teléfono y pude leer en sus labios un a qué coño esperas.
Descolgué y le dije que yo no tenía ni un duro. Que si quería mamármela que lo hiciera por un acto de buena fe.
No podía parar de pensar quién era... Y qué quería...
Escuché atentamente lo que me dijo y me quedé sin aire.
Me pidió un favor.
Me pidió que hiciera lo que ella me dijo.
Me pidió que el amanecer no se me adelantara.
Me pidió que la luz invadiera el túnel...
Me quedé tan trastocado que al levantar la cabeza ya había desaparecido.
Eran sólo las dos de la tarde y tenía ante mí las mejores horas de los últimos cinco años.
Tenía la felicidad.
Tenía una inyección de moral.
Tenía un nombre.
Tenía otra muesca que tatuarme.
Tenía que organizar la última cena.
Eran sólo las dos de la tarde y tenía ante mí las mejores horas de los últimos cinco años.
Tenía la felicidad.
Tenía una inyección de moral.
Tenía un nombre.
Tenía otra muesca que tatuarme.
Tenía que organizar la última cena.
Tenía que sellar mi estancia en la cárcel con la sangre que imprimió mi destino...